El linaje histórico de «La Guadalupana».

REYNA DE LA BESTIA.

Publicado el 24 julio, 2012
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Imagen egipcia, la doisa Isis

*La Madona de los mexicanos con Semiramis, Ninkarsag, Isis, Cibele, Ishtar, Astarté

*Si usted ama la verdad. …entonces ¡usted es «pueblo» de Dios! Es decir, usted es de los que Dios busca para que le «adoren en espí­ritu y en verdad» ( Juan 4:24 ). Gente recta de corazón, imparcial en sus juicios, de raciocinio sano, y sobre todo, amante de la verdad divina tal cual revelada en la Biblia.

*La marca de la bestia (Satanas); su número es seiscientos sesenta y seis. (666).  Apocalipsis 13.

Por: Rey Néquiz Villalba

 

Imagen de la Isis-

La siguiente información es un extracto del Capí­tulo Ocho de «Apocalipsis: exposición detallada de las profecí­as». En su primera aparición en el mundo, la «gran ramera» se sienta sobre Sumeria-Caldea. Lo hace a través de la persona de Semiramis , esposa de Nimrod, es decir, la «gran ramera» se personifica en Semiramis.
Diodorus , varón griego de Cecilia, cuenta la historia de Semiramis. Al morir Nimrod, Semiramis se proclamó a sí­ misma «Rhea», es decir, «Madre de los dioses». Tomemos nota: «Madre de los dioses» es un distintivo muy notable y común en los anales de la raza humana.

Más adelante en la historia, Nimrod, ya muerto pero no olvidado, se conocí­a como «Baal», tí­tulo que significa «Señor» o «Amo». También lo llamaban «Kronos». A este los romanos llamaban «Saturno». Siendo Semiramis la esposa de «Baal», su tí­tulo hubiese sido «Baalti». -Traducido al latí­n, «Baalti» significa «Mea Domina». Traducido al italiano, el nombre o tí­tulo es ¡»Madonna»!
Siguiendo la tradición idolátrica originada en Sumeria-Caldea, la Iglesia Católica Romana llama a la Guadalupana «La Madona», tí­tulo que jamás se le confiere en la Biblia. Así­ pues, los eslabones lingí¼í­sticos forjan un enlace indiscutible entre la muy antigua diosa madre Baalti (Semiramis) y la «Madona» del catolicismo romano.

Afirmamos confiadamente que las multitudes de católicos romanos, al venerar a la Virgen Gudalupana (La «Madona») con fervor que sobrepasa su adoración a Cristo, siguen propagando entre los seres humanos, sin percatarse la gran mayorí­a de lo que hacen, el antiguo concepto idolátrico de una poderosa «diosa madre pagana» , «Madre de los dioses». El estudiante perspicaz de la historia humana y del libro de Apocalipsis no pasa por alto tan evidente conexión fuerte entre el paganismo de la antigua Sumeria-Caldea y la «Mariologí­a» de la Iglesia Católica Romana.

Volviendo a Semiramis, ella aseguró que su hijo Tammuz habí­a nacido de forma milagrosa , reclamando que él era la reencarnación de Nimrod. Los escritores clásicos identifican a Tammuz como «Bacus», nombre que significa «Hijo lamentado». Este «Hijo lamentado» algunos lo asocian con la profecí­a de Génesis 3:15.

La semejanza entre Tammuz y Cristo es evidente. De ambos se dice que su nacimiento era milagroso. «Hijo lamentado», o «hijo de sufrimiento», aplicado a ambos. Uno de los dos es un falso «mesí­as». Nacido de una mujer que tuvo la osadí­a de llamarse «Madre de los dioses», Tammuz es el falso. Cristo, y no Tammuz (Bacus), es quien cumple Génesis 3:15.

Se teoriza que Semiramis desempeñara un papel importante en el desarrollo de los «Misterios caldeanos», los que sirvieron para propagar la idolatrí­a que ella fomentaba. Semiramis, en el carácter mitológico de la diosa Isis (Helena); figura en una secta samaritana alegadamente organizada por Simón el Mago. «Claramente, Osiris era Nimrod, e Isis era Semiramis. Así­ pues, Simón Mago decí­a que él mismo habí­a sido el poder que moviera a Nimrod y que Helena era Semiramis, la reina del cielo».

En Sumeria, se adoraba a la diosa «Ninkarsag», a quien le decí­an la «Madre Dolorosa» , intercediendo ella, como se creí­a, entre los seres humanos y los «dioses duros», pues estos se inclinaban a tratar con asperaza a los humanos.

Las diosas Osiris, Isis y Horus

El parecido entre la mitológica «Ninkarsag» y la «Madre Dolorosa Guadalupana» es asombroso, pues el concepto católico de una «madre intercesora» es casi idéntico al que tení­an los antiguos sumerios de su diosa Ninkarsag. Para el católico, la «Virgen Guadalupana» es más tierna, comprensiva y compasiva que el «fuerte» Jehová, aún más que el hijo Jesucristo. De ahí­, su notable tendencia de apelar más a la «Virgen» que a Cristo mismo, pese a la clara enseñanza del Espí­ritu Santo, diciendo este que «hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre» ( 1 Timoteo 2:5 ).

Desde tiempos remotos, la «gran ramera» viene «sentada» sobre reinos idolátricos. Se sentó primero sobre Sumeria-Caldea, dominándola, gobernándola y corrompiéndola.
En Sumeria «los sacerdotes llegaron a ser la clase más rica y poderosa en las ciudades. En cuanto a la mayorí­a de los asuntos, ellos eran el gobierno. Resulta difí­cil determinar hasta qué medida el ´patesí­´ (lí­der) era sacerdote o hasta qué punto era rey».

Las grandes ciudades de Sumeria «fueron organizadas alrededor de templos y burocracias sacerdotales». Paralelamente, dondequiera que haya alcanzado poder la Iglesia Católica Romana, en el mismo centro de ciudades, pueblos o aldeas se encuentra una catedral o una capilla católica romana, desde cuyo recinto «sagrado» el clero católico romano pretende controlar no tan solo almas sino también la polí­tica y aun la economí­a, logrando ampliamente sus propósitos al poder imponer su voluntad.
Egipto, entre los descendientes de Noé, algunos fueron a parar en el fértil valle del gran rí­o Nilo, donde establecieron el reino de Egipto.

Trajeron consigo sus creencias idolátricas, incluso la veneración de una «diosa madre». A esta la llamaron «Isis», dándole también el tí­tulo «madre de dios».
La «gran ramera», tomando la forma de «Isis», se sentó en Egipto, haciendo sentir su presencia y poder a través de los sacerdotes que la serví­an en palacios y templos del paí­s.

Las imponentes pirámides, los templos con sus finas columnatas, las enormes esculturas de dioses, diosas y faraones, el arte y los escritos jeroglí­ficos del antiguo Egipto, todos evidencian la tremenda influencia que ejercí­a la religión idolátrica sobre los gobernantes y el populacho del Imperio. Incuestionablemente, la «gran ramera» estaba sentada sobre Egipto, no cediendo su posición durante más de tres mil años. Confrontado por Moisés y Aarón, el Faraón se recurre a los representantes de la religión pagana en Egipto, los «sabios» y «hechiceros» de su reino (í‰xodo, 7:8-13 ), acontecimiento que pone de relieve el estrecho enlace entre el poder secular y el poder religioso en Egipto.

Nimrod, legionario de Satanás y padre de la brujerá

Más de tres mil años después de instituirse el culto a Isis en Egipto, los teólogos católicos de Alejandrí­a (Egipto) dieron el tí­tulo «madre de dios» a la también mí­tica «Virgen Guadalupe» inventada por ellos. Haciéndolo, no seguí­an ninguna indicación bí­blica sino la muy arraigada tradición de la «diosa madre pagana del universo». Para los egipcios, Isis era «madre de dios». Para los católicos, la «Virgen Guadalupe» es la «madre de dios». ¿Quién es la verdadera «madre de dios»? ¡Ninguna de las dos!

La doncella judí­a Marí­a era la madre, según la carne, de Jesucristo, pero jamás la madre de Cristo en su existencia como Ser espiritual. Admirarla por su santidad y el privilegio de ser madre carnal del Cristo encarnado, esto, sí­, podemos hacerlo, y lo hacemos, pero venerarla, o adorarla, como «madre de dios», esto no lo debemos hacer.

Según la mitologí­a egipcia, la diosa Isis tuvo un hijo llamado «Horus» («Osiris»). Isis, con su hijo Horus; Marí­a, con su hijo Jesús. El paralelismo es evidente; la teologí­a también es la misma en varios aspectos. ¿Qué es la «Virgen Marí­a, madre de dios» sino otra «diosa madre» en el largo linaje continuo de «diosas madres» que data desde Semiramis? A la «Virgen Marí­a» la presentan con vestimentas «cristianas», pero su verdadera identidad no es oculta para el estudioso imparcial de estos temas.

En el Imperio Asirio, la «diosa madre» (la «gran ramera» que se sienta es este paí­s) es Cibele, y su «hijo» se llama Deoius .
La «diosa madre» que se sienta en Babilonia es Ishtar. «Como diosa, Istar era la gran madre, la diosa de la fertilidad y la reina del firmamento.» Esta diosa fue asimilada por los griegos, llamándola ellos «Astart黝, precursora de «Afrodita». Los romanos la conocí­an como «Venus», también adorándola.

Ishtar, diosa de la fecundidad en los seres humanos, los animales y las plantas, hací­a que todo se procreara y creciera.
Los babilonios dieron varios tí­tulos a Ishtar, entre ellos: «La Virgen», la «Santa Virgen» y la «Virgen Madre». Asombrosamente, ¡estos tí­tulos son los mismos dados por los católicos a la «Marí­a» que veneran!
Una letaní­a babilónica a Ishtar rezaba: «Señora de las señoras, diosa de las diosas, exaltada por encima de todos los dioses».

Las dos firguaras doctrinales; la diosa pagana y la diosa catolica, apostólica y romana

La diosa Ishtar «se sentó» sobre Babilonia. «Ningún rey emprenderí­a una campaña ni avanzarí­a hacia una batalla, ningún babilonio arriesgarí­a decisión crucial alguna ni iniciarí­a empresa importante, sin ocupar a un sacerdote o mago para que le leyera las señales».
En Grecia la «diosa madre pagana» es Astarté , o Afrodita , con su infante. O es Irene, la diosa de la paz, con su hijo Plutón. Para Roma la «diosa madre pagana» (la «gran ramera») es Fortuna («Venus»), con su hijo Júpiter .

En í‰feso, la «diosa madre pagana» es «Diana». Con sus múltiples senos al descubierto, las estatuas de Diana proyectan la fecundidad atribuida universalmente a «diosas madres». Curiosamente, una torre figura en la corona de Diana, sí­mbolo, tal parece, de la torre de Babel, cuyo significado se conserva de varias formas en las religiones idolátricas.

En China, la «diosa madre pagana» es «Shing Moo», nombre que significa «Santa Madre». La representaban con un arco de gloria alrededor de su cabeza y un infante en sus brazos, más o menos como los católicos representan a su «Virgen Marí­a, con el Niño dios».
Alemania, la «diosa madre pagana» es la virgen «Herta». Dinamarca, Filandia y Suecia, la «diosa madre pagana» es «Disa», con su infante al hombro. Mientras que para la India, la «diosa madre pagana» es «Indrini», con su niño. También se conocí­a como «Isi», la «gran diosa», con su hijo «Iswara».

Estas diosas madres, teniendo cada una la naturaleza de la «gran ramera», han hechizado a los gobernantes de muchos reinos y naciones, influyendo directamente en sus decisiones y acciones. Así­ pues, «sentada sobre una bestia escarlata» es una representación totalmente apta de la «gran ramera», o sea, de la «diosa madre universal».

En los distintos paí­ses donde la han endiosado, la «diosa madre universal» se ha presentado con nombres diferentes, pero ella es la misma mujer pervertida y engañosa que lleva a las naciones engañadas a la perdición, sometiéndolas a sus supersticiones, explotándolas y llenándolas de sus abominables idolatrí­as e inmoralidades.

En el continente europeo de la Edad Medieval, ella se introdujo muy sutil y engañosamente como la «madre iglesia», soberbiamente reclamando ser «la única iglesia verdadera». Se sentó imperiosamente sobre la bestia sanada, es decir, sobre el Imperio Romano sanado, permaneciendo en esa posición hasta que se levantaron los «diez cuernos» (paí­ses), sublevándose estos contra ella, aborreciéndola, dejándola despojada y quemándola. Pese a las acciones de los «diez cuernos», la madre iglesia romana sigue poderosa en la tierra hasta el dí­a de hoy.

La Madona de los mexicanos

Referente a esta interpretación de sentarse la mujer ramera sobre varios reinos a través de la historia, este servidor no es el único que haya llegado a la misma conclusión. Buscando en Internet imágenes gráficas relevantes a estos temas, encontré la siguiente explicación: » Siempre fiel a la parábola visual sobre ella, la figura vista en la cinematografí­a profética de Juan es una antigua presencia demoní­aca. Se le ve cabalgando por encima y dirigiendo los asuntos del mundo. La bestia que la porta es una representación profética de los gobiernos del mundo, a los que su presencia ha corrompido desde la antigí¼edad -el Reino Viejo de Egipto, Babilonia del tiempo de Nabucodonosor, Asiria del tiempo de Senaquerib, Persia del tiempo de Ciro y Darí­o, Grecia del tiempo de Alejandro Magno, Roma del tiempo de Nerón y un imperio escatalógico (futuro) con parecido al dominio de Roma. Pero, nunca ha sido limitada solo a estos reinos. Aún antes del nacimiento del primer Faraón ya estaba corrompiendo la tierra, y permanecerá hasta que Dios destruya su fortaleza al llegar el fin de la edad.» Gran importancia y relevancia de Apocalipsis.

En la historia del mundo, ¿han existido reinos seculares cuyos rasgos y comportamiento coinciden con las revelaciones sobre la «bestia escarlata»¦ que tení­a siete cabezas y diez cuernos» ? Definitivamente, se han presentado uno tras el otro, en conformidad indiscutible con las visiones y explicaciones de Daniel y Apocalipsis.

Según la historia de la humanidad, ¿acaso se haya levantada alguna «mujer» que realmente se sentara sobre aquellos reinos? La «gran diosa madre» está siempre presente en los templos y palacios de reinos que no honran al verdadero y único Creador del universo, ejerciendo no poco poder.
Los seres humanos esparcidos por Dios «sobre la faz de toda la tierra», ¿seguí­an rindiendo culto a la «gran diosa madre universal» dondequiera que fueran? Lo hicieron, testificándolo las pirámides que edificaron, más infinidad de simbolismos, ritos y mitos adicionales.

Pues bien, estas consideraciones significan, ciertamente, que las visiones de Apocalipsis revelan correctamente acontecimientos de grande envergadura ya transcurridos en la tierra. Una vez convencido el lector de ello, ya no pone en tela de juicio la inspiración divina del libro, apreciando a la vez su tremenda importancia y relevancia.
«Salid de ella, pueblo mí­o.»

Esta es la advertencia y exhortación de Dios para quienes llegan a entender quien es la «gran Babilonia» , sinónima de la «gran ramera» de las visiones apocalí­pticas. «Salid de ella, pueblo mí­o, para que no seáis partí­cipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas» ( Apocalipsis 18:4 ). «¡SALID!» ¿Tiene usted suficiente «conocimiento…, sabidurí­a e inteligencia espiritual» para discernir la verdadera identidad de la «Virgen Marí­a» de la tradición Católica Romana? Si usted ama la verdad. …entonces ¡usted es «pueblo» de Dios! Es decir, usted es de los que Dios busca para que le «adoren en espí­ritu y en verdad» ( Juan 4:24 ). Gente recta de corazón, imparcial en sus juicios, de raciocinio sano, y sobre todo, amante de la verdad divina tal cual revelada en la Biblia. Pero, usted no será verdadero «pueblo» de Dios hasta no SALIR de los terribles engaños de la «gran ramera» ¿Cómo salir?-Informarse. Educarse. Mediante fuentes de información y de la propia Biblia.

-Llegando a convicción propia, renunciar el culto a la diosa madre «Virgen Marí­a», creación de la tradición Católica Romana.
-Romper las cadenas de todas las tradiciones religiosas, pues «las tradiciones de los hombres» engañan ( Colosenses 2:8 ), invalidando el mandamiento de Dios, como enseña Cristo mismo en Mateo 15:7-9 .

-Arrepentirse de sus errores y bautizarse por inmersión «para perdón de los pecados» (Hechos 2:38 ; Romanos 6:1-7).
Tenga presente, se lo suplicamos respetuosamente, que a los que no reciben «el amor de la verdad para ser salvos… Dios les enví­a un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia» (2 Tesalonicenses 2:10-12). Pues, «¡salid!» Sin demorar, teniendo por más excelente y necesario «el amor de la verdad» que cualquier otro «amor».

 

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